Cómo trabajamos pedidos por volumen
Cada pedido de EPP corporativo sigue una ruta clara. No improvisamos tallas ni materiales: revisamos el alcance de la cuadrilla, confirmamos existencias y cerramos con una entrega que el almacén pueda recibir sin sorpresas. Estos son los pasos que aplicamos con constructoras y contratistas que compran por volumen.
Recibimos la lista de personal, puestos y condiciones de obra. Saber si el trabajo es en vialidad, andamio o patio de maniobra cambia la selección de chaleco, casco y calzado. También pedimos el desglose de tallas, porque una cuadrilla de veinte no se surte igual que tres turnos rotativos.
Verificamos que las piezas propuestas cumplan con las normas de seguridad laboral aplicables: resistencia al impacto del casquillo, clase de visibilidad del reflejante, absorción del casco. Si el cliente ya tiene una especificación interna, la cruzamos con nuestro catálogo antes de cotizar.
Revisamos inventario real, no catálogo teórico. Cuando una talla o un color no está disponible en el volumen pedido, lo decimos antes de cerrar el pedido y ofrecemos la alternativa más cercana. Preferimos ajustar el surtido a entregar parcial y completar después.
Empacamos por cuadrilla o por frente de obra, según cómo reciba el cliente. Si se pidió bordado del logotipo o grabado en el calzado, se aplica en este paso. Cada caja sale identificada para que el almacén no tenga que abrir todo para repartir.
Coordinamos la entrega en el punto acordado y dejamos registro de lo surtido. A partir de ahí damos seguimiento a las reposiciones: cascos y guantes son las piezas que más se desgastan, y conviene tener un segundo pedido planeado antes de que la cuadrilla se quede sin equipo.
Si ya tienes la lista de personal y las condiciones de obra, el siguiente paso es enviarla. Revisa también qué incluye nuestro catálogo de servicios y surtido mayorista o escríbenos directo desde contacto.
Antes de arrancar conviene dejar por escrito los puntos donde suelen aparecer malentendidos. No todo lo que se pide en una cotización de EPP entra igual: hay partidas que dependen de la norma aplicable, otras del volumen mínimo de surtido y otras del tipo de cuadrilla. Aquí aclaramos las reglas que usamos para no dejar cabos sueltos entre lo que usted necesita y lo que nosotros podemos entregar.
Si algo de esta lista no encaja con su operación, lo revisamos en la llamada de arranque antes de mover inventario o comprometer fechas de entrega.
No vendemos piezas sueltas al menudeo. Trabajamos con constructoras, contratistas y almacenes que necesitan surtir cuadrillas completas, y eso cambia el orden de las cosas: primero se define el alcance, después se cotiza, y solo entonces se programa la entrega. Estos son los momentos que marcan el ritmo de cualquier proyecto, desde la primera llamada hasta la reposición del siguiente trimestre.
Cada etapa tiene entregables concretos. Si algo se atora, casi siempre es porque una talla quedó abierta, una norma no se especificó o el almacén de destino no tenía muelle para descarga. Preferimos resolverlo antes de mover camión.
Recibimos la lista de plantilla por frente de obra: cuántos elementos, qué tallas de calzado, si hay personal en vialidad que requiere chaleco clase 2 y cuántos cascos se reponen por rotación. En esta etapa también se aclara si el cliente pide bordado de logotipo o grabado en el cuello del calzado, porque eso alarga el tiempo de producción.
Antes de comprometer volumen, enviamos muestras de bota con casquillo de acero, chaleco reflejante y casco con suspensión de trinquete. El responsable de seguridad del cliente las revisa contra sus propios requisitos internos. Si hay observaciones sobre cinta reflejante, suela o barbiquejo, se ajusta la ficha técnica antes de liberar la orden.
Aquí se congela la matriz de tallas. Es el punto donde más se atora un pedido, porque las cuadrillas cambian de personal y las medias tallas se agotan primero. Confirmamos existencias por línea, definimos si la entrega va completa o por parcialidades, y dejamos por escrito qué pasa si el cliente necesita una talla extra a mitad de obra.
El pedido sale en cajas cerradas rotuladas por frente de obra, no en bultos revueltos. Coordinamos la descarga con el almacén de destino: si no hay montacargas, se ajusta el acomodo para que el personal pueda bajar la mercancía a mano sin dañar el calzado. La guía y el remito se envían el mismo día del embarque.
El casco y el chaleco se reponen más seguido que la bota, así que dejamos abierta una ruta de reorden con las mismas tallas y el mismo bordado. A los tres meses preguntamos qué pieza falló primero en campo, porque eso nos dice si conviene subir de línea en la siguiente compra o mantener la configuración actual.